Cuando  niños...

Después de vivir un cuento tras otro comenzamos a creer que todo es de esa manera,  comenzamos a fantasear con la idea de un mundo ideal, un  mundo donde todo sea para dos, un lugar donde todo sea feliz. Cuando somos niños todo es simple, creemos que es lo máximo cada vez que encontramos algo brillante en el suelo.  Si cuando niños la alegría más grande  es la más pequeña, lo que hace feliz  a  un infante  difícilmente podrá alegrar un alma envejecida y corrompida por el mundo.

Cuando niños soñamos todo el tiempo, corremos, gritamos e incluso lloramos  por un sueño, por una estupidez que para nosotros es lo más grande. No entendemos porque los adultos  todo el día corren, gritan y lloran si ya no sueñan, si han olvidado lo que  querían ser . Tal vez sea por eso, quizá extrañan  lo que deseaban, tal vez añoren a aquellos días  de facilidad.

De niños nos entretenemos más con un puño de tierra y algo de agua. Somos capaces  de ser todo y hacer de todo, no conocemos límites o al menos no los miramos pero para nuestra desgracia siempre hay un adulto mostrándonos nuestras limitaciones.

Con cada año de vida nos dicen que debemos madurar, nos exigen que veamos las cosas como ellos las ven, que no todo es tan simple como habíamos creído. Y poco a poco se nos enseña otra vista de nuestra realidad, de su realidad y comenzamos a vivir como ellos. Y solo cuando lo hacemos pasamos a ser  adultos o adolescente maduros. Y con este cambio olvidamos  la sencillez  que nos envolvía y protegía.

Como adultos comenzamos a querer cosas mejores, más caras y muchas de las veces no las podemos tener. Nos perdemos en los capítulos materialistas de  este libro llamado vida, algunas veces  siendo  irreconocibles para nosotros mismos llegando a cometer actos que en  otros momentos jamás habríamos realizado.

Tal vez si pudiéramos ser capaces de ver la grandeza de las cosas pequeñas de la vida, comenzar a valorar la compañía de las personas tanto como nuestra propia vida el mundo sería un  lugar mejor  y maravilloso como cuando niños, sin andar todo el  tiempo preocupados por el que pasara mañana.